sábado, agosto 09, 2008

¿Osetia del qué?

Y después dicen que no pasa nada en verano. Pues vaya que sí. Por un lado, tenemos los Juegos Olímpicos en Beijing y los entusiastas de la independencia del Tíbet —algo que, y lo digo descansadamente, nunca va a suceder—; por otro, y supongo que para evitarnos el aburrimiento a los que no disfrutamos del deporte, el bueno de Mijaíl Saakashvili decidió ignorar el alto al fuego vigente entre Georgia y los separatistas de Osetia del Sur y comenzar a bombardear Tsjivanli, la capital de esta región, provocando la muerte de cientos de civiles a los que pretendía convencer de que Georgia los ama. Tough love, que dirían los americanos.

Como todas estas guerras en los Balcanes y el Cáucaso, los orígenes vienen de muy atrás y hay más de una versión de acuerdo a la fuente que se consulte. Unos pocos hechos, sin embargo, están claros.
  1. Los osetios no son georgianos y culturalmente se sienten más cercanos a los rusos.
  2. Osetia del Sur fue incorporada a Georgia en 1922 por capricho de Josef Stalin, que estableció arbitrariamente las fronteras de las distintas repúblicas del Cáucaso. Todo el mundo evitará mencionarlo, claro está, porque es difícil declarar sacrosantas las fronteras establecidas por Stalin después de décadas denunciando sus crímenes. En 1990, los osetios declararon su independencia unilateralmente y 1992 la gran mayoría de sus habitantes votó a favor de la anexión a Rusia.
  3. En 1992, durante el mandato de Eduard Shevardnadze, el gobierno georgiano trató de recuperar el control sobre Osetia y sobre Abjasia —la otra región que había manifestado su voluntad de independizarse— y fue derrotado, provocando el desplazamiento de 300 mil refugiados georgianos que fueron expulsados de estos territorios y ganándose la enemistad de osetios y abjasos debido a la brutalidad de los efectivos georgianos. Tras este conflicto, entraron en Osetia los cuerpos de paz del ejército ruso, resolución de la ONU mediante y con la aquiescencia de Georgia.
Esta, como casi todas, es una guerra sin buenos ni malos, o mejor, una guerra entre malos donde los únicos buenos son las víctimas civiles de ambos lados. (Se enfrentan dos gobiernos corruptos, autoritarios y que recurrieron al fraude electoral en las últimas elecciones celebradas en ambos países. La pretensión de algunos medios como el New York Times de presentar a Georgia como un "faro de la democracia" en el Cáucaso es, a lo mucho, cómica.) Aun así, no es una guerra desprovista de interés, al menos de cierto interés intelectual.

Por ejemplo, es obvio que el ataque georgiano se trató de una ofensiva en toda regla, con artillería pesada y apoyo de la aviación, que evidentemente llevaba preparándose durante meses. Es obvio también que la ocasión fue elegida con cuidado, coincidiendo con el inicio de los Juegos Olímpicos, momento de distracción por excelencia, y cuando Putin se hallaba fuera del país. Es, por tanto, una operación al menos parcialmente bien planeada, lo que le obliga a uno a preguntarse cómo se le ocurrió Saakashvili meterse en este brete. Porque era obvio que los rusos iban a reaccionar con fuerza y brutalidad —como de costumbre—, no sólo por una cuestión de prestigio, sino porque buena parte de la población osetia ha adoptado la nacionalidad rusa, lo que ponía al ejecutivo ruso ante el compromiso de tener que defenderla. Resulta inverosímil creer que el bueno de Mijaíl se haya metido en esto sin la luz verde de Washington, aunque al mismo tiempo cabe preguntarse si los políticos estadounidenses pueden ser tan irresponsables como para autorizar algo así. Quiero decir, uno se va acostumbrando a la miopía y el cortoplazismo de la política norteamericana, pero esta metedura de pata —si fue autorizada desde EE.UU.— marca un nuevo record. ¿Y qué le pueden haber prometido a Saakashvili para que ponga a la población de su país de blanco de práctica para la aviación rusa? ¿La entrada a la OTAN, una vez que los rusos lo zurren y Osetia del Sur y Abjasia se independicen finalmente? Porque otra cosa no puede ser. El ejército regular georgiano casi seguro saldrá derrotado —hay que añadir que los abjasios parecen haber decidido poner en práctica el refrán de "a río revuelto, ganancia de pescadores", y han comenzado a crear problemas en su frontera, y la idea de que Estados Unidos o la OTAN van a hacer algo más que quejarse es absurda. Definitivamente no van a ir de frente contra Rusia —no después de descubrir que no pueden derrotar a unos pocos miles de irregulares en Afganistán e Irak—, más habida cuenta el arsenal nuclear legado del pasado soviético. Tampoco se le pueden aplicar sanciones económicas, salvo que Europa esté dispuesta a quedarse sin gas y a aceptar que el precio del petróleo se dispare a alturas de vértigo.

En cualquier caso, y a la espera de nuevos acontecimientos, los rusos recordarán la "excepción" de Kosovo y reclamarán la independencia para sus aliados. A estas alturas, pedir que se respete la "integridad territorial" de Georgia va a provocar un festival de carcajadas en Moscú. ¿Y por qué no? Comparado con el caso Kosovo, un error estratégico tan obvio que dolía, la aspiración osetia de reunificarse con Rusia y la abjasia de recuperar su independencia aparentan ser de una lógica irreprochable. Habrá que esperar a ver en qué acaba, si los rusos deciden continuar adentrándose en Georgia o si procuran deponer a Saakashvili —que no lo creo—, si la UE, la OTAN o EE.UU. después de salvar la cara haciendo un poco de ruido terminan por ceder y aceptan el empequeñecimiento de Georgia como un fait accompli, y en qué acaba la aspiración de Georgia a entrar en la OTAN, que un país con un presidente tan irreflexivo no es una incorporación codiciable, oleoducto mediante o no.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿Tú también dices Beijing?

2:12 p. m.  
Blogger Gabriel Syme said...

Pues sí. Y Mumbai. Y Malaysia, aunque el Tigre de la Malaysia no se suene bien. Y Sri Lanka, aunque esa lleva la tira de años (lleva años también Burkina Faso en lugar de Alto Volta, y para mí ese fue un duro golpe). ¿Por qué no? Es una convención como cualquier otra. De acuerdo a la Wikipedia: "The term Peking originated with French missionaries four hundred years ago and corresponds to an older pronunciation predating a subsequent sound change in Mandarin from [kʲ] to [tɕ]([tɕ] is represented in pinyin as j, as in Beijing). It is still used in many languages." Simplemente actualicémonos. O no. Cada cual con su botella.

11:13 a. m.  

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