sábado, febrero 17, 2007

Catalina la Grande


Por Will Cuppy

Catalina la Grande no era rusa, como cree tanta gente. Era alemana. De niña, sólo tuvo tres vestidos y una docena de camisones, sin embargo, se convirtió en la Emperatriz de Rusia y gobernó sobre millones y millones de súbditos por un período de treinta y cuatro años. Esto demuestra lo que puede conseguirse si uno se aplica a ello.

De hecho, su nombre no era Catalina, sino Sofía Augusta Federica, o Figchen para abreviar. Era hija del príncipe Augusto Cristian de Anhalt-Zerbst y su esposa, la princesa Johanna Isabel de Holstein-Gottorp[1], y nació en Settin, Pomerania, en mayo de 1729[2]. Sus primeros años fueron muy infelices, y ella decidió que se lo pasaría bien en cuanto tuviera una oportunidad. Más tarde se excedió un poco.

A los catorce años, Figchen fue invitada por la emperatriz Isabel a que viniera a Rusia para casarse con el Gran Duque Pedro, heredero al trono. Ella empacó sus tres vestidos y doce camisones, le dijo adiós al viejo hogar lleno de recuerdos, y se partió hacia su nueva vida. ¿Cuáles eran los pensamientos de la pobre niña al abandonar a su padre, al que nunca volvería a ver, besar a sus numerosos parientes por última vez y marcharse a una tierra extranjera? Bueno, se sentía sencillamente encantada[3].

Cuando llegó a Rusia, Figchen se deshizo de sus viejas ropas y se vistió con sedas espléndidas, pieles y joyas que le dio la emperatriz Isabel[4]. Le cambiaron su nombre por el de Catalina Alexeievna, y al año siguiente se casó con Pedro en una boda fastuosa. Llevó puesta una corona de diamantes y un vestido de oro y plata, y todo fue increíblemente maravilloso, excepto que a ella no le interesaba mucho el novio. Siempre hay algo[5].

Como descubrió Catalina esa misma noche, Rusia proporciona extraños compañeros de cama. Pedro se acostó con las botas puestas, jugó con su colección de muñecas durante más o menos una hora y le habló a la Gran Duquesa acerca de sus nuevas amantes[6]. Luego se dio la vuelta y se durmió[7]. Esta rutina continuó por nueve años, hasta que Pedro se mudó a su propio cuarto —supongo que no habría pensado antes en ello. Unos años más tarde, cuando fue encontrado muerto con signos de haber sido asesinado, se pensó que Catalina podía ser en parte responsable. ¡Vamos, a quién se le ocurre[8]!

Mientras tanto, no había niños en la casa, y Rusia necesitaba más herederos al trono. Pedro seguía jugando con sus muñecas, pero en 1754 Catalina tuvo un niño que se parecía mucho a Sergei Saltykov, un joven con quien Catalina discutía a menudo los asuntos de actualidad. Algunos historiadores piensan que Pedro pudo haber sido el padre porque al crecer el niño cada vez se le parecía más en su carácter e inutilidad en general. Ambos eran idiotas, ¿pero eso qué prueba[9]?

Luego Saltykov se apartó, y Catalina se sintió interesada por Polonia, o más bien por el conde Estanislao Poniatowski. A su próxima hija le pusieron Ana[10]. Los otros fueron un hijo de Bobrinsky y una par de niñitas que nacieron después de que conociera a Gregorio Orlov, una atractivo gigante de la Guardia. No sé si tuvo otros o no, y no creo que sea mi problema. “Uno va más lejos de lo que desearía,” dijo Catalina en sus Memorias. Además, le tenía miedo a la oscuridad.

En 1762, Catalina llevaba dieciocho años en Rusia y comenzaba a caer en la rutina. Pero vean lo que pasó. La emperatriz Isabel falleció por beber aguardiente de cereza, y Pedro la sucedió como Pedro III. Seis meses más tarde, Catalina lo depuso, lo metió en prisión y se proclamó a sí misma emperatriz con la ayuda de Gregorio Orlov y sus hermanos[11]. En la conmoción, los rusos se olvidaron de que ella era una completa extraña sin derecho a la corona, así que se encontraron, para su sorpresa, gobernados por una señora alemana.

El final de Pedro fue muy triste. Unos días después de su arresto, murió repentinamente en Ropsha durante una visita de Alexis Orlov y otros amigos de la emperatriz. Catalina proclamó que había muerto de un cólico hemorroidal, y la gente que asistió al funeral se preguntó por qué entonces tenía un gran vendaje atado alrededor del cuello. Y eso, amable lector, es lo que se consigue por jugar con muñecas en el momento inapropiado. A primera vista ese pasatiempo puede parecer tan inofensivo como cualquier otro. Pero no resulta así en la vida diaria.

El resto de la vida de Catalina podría haber sido diferente si le hubieran permitido casarse con Gregorio Orlov. O puede que no. Se mantuvo en contacto con él durante diez años, hasta que su hercúlea anatomía comenzó a debilitarse aquí y allá, incapacitándolo para los asuntos de Estado[12]. Gregorio Potemkin, su próximo amigo íntimo, se mantuvo cerca durante dieciséis años, pero después de un tiempo se lo tomó con calma y le presentó a la Emperatriz una serie de chicos más jóvenes, cobrando en cada caso una buena comisión a los interesados. Su fortuna ascendió finalmente a 50 millones de rublos. (¿Están seguros de que entendieron esto?)

Potemkin fue el único de los hombres de Catalina que no era increíblemente atractivo. Era tuerto, de nariz ganchuda, de piernas torcidas y casi siempre estaba borracho. Podía vivir durante días a base de kvass y cebollas crudas, deambulando por el palacio descalzo en una bata vieja y sucia y comiéndose las uñas. Nadie entendía qué veía Catalina en él. Bueno, cuando estaban a solas, él podía imitar a la perfección las voces de un perro, un gato y un gallo, la única forma de arte que le gustaba de veras a Catalina. Ella podía imitar a un gato, pero no tan bien como para enorgullecerse por ello[13].

Me gustaría poder decir que Catalina sentó cabeza después de eso, pero sólo había cumplido los cuarenta y siete y aún estaba ansiosa por tener nuevas experiencias. En 1776 apareció Pedro Zavadovsky, de veinte años. El Chevalier de Corberon, un observador agudo, dijo de él: “En cuanto a las condiciones para su puesto, las posee en grado eminente[14].” Al año siguiente, apareció el teniente Zoritch, y también el primer nieto de Catalina, para el cual ella inventó un vestido de una pieza que podía ponerse y quitarse en un santiamén. Los brazos y las piernas del bebé entraban al mismo tiempo y se abrochaba en la espalda. Yo no acabo de entenderlo, pero funcionaba[15].

Esos fueron todos los hombres de Catalina, excepto por Korsakov, un tontorrón que sólo duró quince meses[16]; Laskoy, que murió en funciones después de tomar demasiadas píldoras; Yermolov y Mamonov[17], ninguno de los dos fue nada del otro mundo, y Platón Zubov, que la sobrevivió. Zubov tenía sólo veintidós cuando cogió el puesto. Su hermano Valerio, que también andaba rondando por allí, tenía dieciocho. Catalina tenía más de sesenta, pero uno es sólo tan viejo como se sienta. Murió de una apoplejía el 10 de noviembre de 1796, a la edad de sesenta y siete años.

Se ha hablado mucho acerca de los amigos de Catalina, y buena parte de ello es puro chisme. Desgraciadamente, este mundo se encuentra lleno de personas que están dispuestas a pensar lo peor cuando ven a un hombre salir a hurtadillas del dormitorio equivocado en medio de la noche. Solía decirse que Catalina tuvo trescientos amantes. Sólo tuvo diez o doce, oficialmente, y unos pocos más, de acuerdos a los mejores cómputos —y algunos de estos sólo por un par de días o una semana a lo más. Tampoco los tuvo todos al mismo tiempo. Los tenía uno detrás del otro.

Todo era muy abierto y sin tapujos. Desde el primer al último día de la colaboración, toda la ciudad lo sabía pues Catalina era una persona metódica y tenía un sistema. Si el nuevo candidato sobrevivía al examen del Dr. Rogerson y a una cierta sesión misteriosa con la condesa Protasov o la condesa Bruce[18], era designado Ayudante General y se le asignaban los aposentos situados inmediatamente debajo de los de la Emperatriz con los que se comunicaban por una escalera interior de manera que se encontrara cerca de su trabajo. El afortunado se convertía entonces en un Vremienchik, u Hombre del Momento, con todas las de la ley. También se les llamaba otras cosas que suenan muy cómicas en ruso.

Las noches en el palacio estaban lejos de ser la orgía que uno podría imaginarse —hoy nos parecerían terriblemente lentas. Catalina siempre se retiraba a las diez, después de jugar al whist o al cribbage. A eso de las nueve y media comenzaba a mirar el reloj, y a la hora en punto se levantaba y se dirigía a sus aposentos privados, escoltada por el Ayudante General de turno. Entonces Catalina se bebía un gran vaso de agua, se enrollaba varias bufandas de lana alrededor de la cabeza como precaución contra los resfriados y se metía en la cama. Lo que sucedía a continuación les aseguro que no lo sé. Yo no estaba allí.

Catalina era en extremo generosa. Incluso pagaba por adelantado, una característica de la profesión de Vremienchik que ha desaparecido prácticamente en nuestros tiempos[19]. Cuando un Vremienchik presentaba en su puesto, encontraba cien mil rublos en una gaveta, y doce mil más el primero de cada mes. Por supuesto que esa clase de cosas implica grandes gastos, y la Emperatriz a menudo se encontraba en quiebra. El coste total de su pasatiempo, incluyendo salarios, alojamiento y comida, ropa y misceláneas, ha sido estimado en 92,820,000 rublos. No sé a cuánto ascienda eso, ¡pero un rublo equivale a cien copecs y un copec debe valer algo[20]!

La Historia no sabe qué pensar de la vida doméstica de Catalina. ¿Le importaban sus ayudantes generales exactamente de la manera correcta? ¿Era pura pasión animal o era lo que los poetas llaman amor? En cualquier caso, ¿por qué hubo tantos[21]? Para empezar, debemos recordar que ella nunca se propuso romper ningún record. Sus primeras relaciones vinieron solas, y hacia el final probablemente creyó que tres o cuatro más no harían mucha diferencia. Además, por lo que sabemos, todo lo que quería era una palabrita de cariño[22].

Dígase lo que se diga, Catalina parece haber sido muy divertida cuando estaba de humor, y siempre estaba de humor. Era la Emperatriz de Rusia, pero en esencia era un alma democrática. Se encontraba con uno a mitad de camino. En cuanto al amor verdadero y todo lo demás, me siento inclinado a concederle el beneficio de la duda, aunque la mayoría de los expertos dice que no. Ese viejo aguafiestas, el conde de Malmesbury, escribió a casa que Catalina había muerto sin conocer el amor. Y un biógrafo moderno afirma sin ambages que Catalina nunca aprendió a amar. Bueno, en cualquier caso, sin duda lo intentó.


[1] Alguna gente dice que era hija ilegítima de Federico el Grande de Prusia. Si ustedes creen eso, es que no saben nada de Federico.

[2] Uno ya no se tropieza con tantos pomeranios. ¿Qué ha pasado?

[3] Pero esperen a conocer a Pedro.

[4] Isabel le había robado el trono al pequeño Zar Iván en 1741. Le gustaba beber aguardiente de cereza, que le masajearan las plantas de los pies y —umm— conversar con un tal Razumovsky.

[5] Pedro era el nieto de Pedro el Grande. Isabel lo eligió porque se encontraba tan necesitada de un heredero que habría aceptado casi a cualquiera.

[6] En realidad no tenía amantes, pero él pensaba que las tenía. Todo estaba en su cabeza.

[7] Pedro no era técnicamente un idiota, pero tenía un toque.

[8] Hablando de asesinatos, nos dicen que Pedro tocaba “muy bien” el violín. ¿Se convencen ahora?

[9] El niño fue conocido después como Pablo, el Zar Loco. Fue asesinado por otros locos y le sucedió Alejandro, el Zar Loco.

[10] “¡Dios sabe de dónde los saca!,” exclamó Pedro en un banquete de Estado.

[11] Pedro planeaba divorciarse de ella, encerrarla en un convento y casarse con Isabel Vorontzov. Eso era de las cosas que uno no podía hacerle a Catalina.

[12] Algunos piensan que ella también le demostró su gratitud a Alexis Orlov, y posiblemente a Iván, Teodoro y Vladimir. Todos eran su tipo.

[13] Sólo para que conste, Pedro Vasilchikov precedió a Potemkin. Resultó ser insatisfactorio por alguna razón —sus suposiciones son tan buenas como la mía.

[14] P. D: Obtuvo el puesto.

[15] Catalina fue una abuela cariñosa. No permitió que sus nietos estudiaran botánica por temor a que corrompiera su moral. Eso no funcionó.

[16] Con una ayudita de un tal Strajov, y quizás Levachov y Stianov.

[17] Con el apoyo de Miloradovitch y Miklachevski.

[18] Se los rifaban.

[19] Quizás lo que este país necesita es una Catalina la Grande.

[20] Esa parte salió perfecta pues Catalina sólo tenía que imprimir un montón de rublos de papel —tantos como necesitara. Era una buena idea porque el papel moneda es el mejor. Lo otro es sólo calderilla.

[21] A algunas personas nunca se les ocurre que había millones de hombres en Rusia que Catalina ni siquiera conoció.

[22] Todos los días les arrojaba migas a los pajaritos.

6 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Espectacular lo de Will Cuppy.
Hace años lo leí, pero lo presté y nunca más lo vi.
Extraño su relato de Egipto... Recordás los manuales de escuela que comentan "...cuando bajan las aguas del Nilo todo hasta donde la vista alcanza queda cubierto de musgos y líquenes..." y Will dice: "...cuando bajan las aguas del Nilo todo hasta donde la vista alcanza queda cubierto de egiptólogos..."
Es magnífico.
Si sabés de donde se puede bajar gratis, please, avisá.
Un saludo

10:17 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

aprende a escribir como se deve.
quien te enceño?

si vas a hacer algo como para que los demas saquen un buen probecho de lo que escribis,, bien.... si no pegate un tiro

11:58 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

yo no te diria que te pegaras un tiro... :S
en realidad hay cosas q difieren un poco de la historia puesto que he leido mucho sobre catalina, pero tu relato esta estupendo aparte que entretenido por tu forma de escribir... estuvo bueno... y mi sugerencia seria colocar los pie de pagina en parentesis en cada texto para no tener q bajar y subir en la lectura...
me gusto...

mcja_both@hotmail.com

12:35 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¡Eres malísimo escribiendo!, tu mal gusto sólo lo superan tu estupidez y tus traumas

4:35 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Tu comentario esta fuera de lugar o mandar a darse un tiro por una simple escritura echa asu gusto y eloquencia. Tu sigue lo haces bien tienes una imajinacion muy amplia y al Dumas que te dijo que no sabes escribir dejalo con sus discursos .

12:47 a. m.  
Anonymous graciela said...

A my pareser lo has o lo han hecho en todo caso si son barios a lo q hiva que esta bien he interesante. Y me gusta la forma q lo narrado me preguntaran por pues yo respondo por que esta entretenido y lo.podes leer tapido bueno. Saludos

12:30 a. m.  

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